LA TEMPLANZA
Las alas de este ángel nos protegen de los excesos que trae el desequilibrio. Ni muy bueno ni muy malo, todo lo que pasa en el mundo material está inserto en unos límites. Lo que pasa fuera de ellos no es de aquí. Y gracias a esos límites podemos vivir. El agua que fluye es la que nos permite la vida. Para la Templanza los extremos son lugares inhóspitos de los que debemos salir para seguir adelante. Gracias a ese moverse, se concreta la abundancia de la creación, se equilibran las emociones y la mente está centrada en la realidad, en lo que es.
Los obstáculos más escarpados, las empresas más largas y duras, son posibles gracias a la capacidad de adaptación a la realidad, la moderación y el ahorro de energía, la ecuanimidad. Actuando así atraeremos soluciones que parecen milagrosas, pero que no lo son, puesto que provienen de una optimización de todo aquello que tenemos disponible, incluyendo en ello nuestros recursos internos.
Es la convalecencia en la que nos cuidamos con amor y auto respeto. También el mirar a nuestro alrededor y disponer de lo que nos rodea con justicia y equilibrio. Es sonreír al otro y entregarle nuestra ayuda siempre recibiendo a cambio la suya. Si no, no es Templanza, más bien, es abuso.
La fluidez y la armonía son sus banderas. Actúa con serenidad y discreción. Jamás la verás destacar por ser descocada, más bien llama la atención por su comunicación empática, moderada y tolerante. Hace que te sientas en paz a su lado.




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