LA MUERTE
Si con el colgado nos asustamos en una lectura, imaginad cuando vemos al jinete que trae destrucción a lomos de su caballo y que conversa con el Sumo sacerdote y ante quien los niños y las mujeres se arrodillan a su paso.
Su bandera negra con la Rosa Blanca de 5 pétalos simboliza la pureza de la transformación y el renacimiento tras la pérdida.
El cambio de la materia es un proceso inevitable e infinito y gracia a él, la existencia es posible. Es por ello por lo que en la carta sólo vemos la parte delantera del caballo. No vemos las patas traseras, puesto que la mutación de lo que existe es continua.
La calavera que conduce el caballo es nuestro yo sin adornos. El ego queda atrás porque la muerte nos iguala ante la vida. Y esto es motivo para entender que nuestra vida es única, es un regalo que debemos honrar.
Siempre se dice cuando sale esta carta, que debemos enfrentarnos a los finales con serenidad. Y eso es muy difícil. La lección del desapego es fundamental para seguir viviendo. Morimos a la niñez, a la adolescencia, a la juventud, a la madurez y si somos -o no- afortunados de llegar a la vejez, entonces miramos hacia atrás y nos damos cuenta de todas las cosas, personas y circunstancias ante las que morimos o que murieron para nosotras. Y así tomamos conciencia de lo importante que es apreciar cada momento como si fuera el último.




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