LA RUEDA DE LA FORTUNA
Cuando la rueda gira, una sorpresa se pone ante ti. Ni siquiera lo esperabas, pues no estaba anunciado y allí que viene y se apodera de tu presente. Ese que tu crees tan seguro e inamovible.
El destino a quién tanto debe su celebridad este arcano, es insondable, aún para los tarotistas. Nos podemos acercar a él sólo detectando por dónde irán las energías, aunque sea cierto que cada uno de nosotros tiene la llave para abrir las puertas que le conduzcan a los lugares que elige. La vida siempre tiene un as bajo la manga y finalmente nos conduce por senderos que muchas veces ni elegimos ni conocemos.
¿Qué es la realidad en definitiva? ¿Cómo enfrentarnos a nuestro destino? Conversar con la suerte, con lo adverso, con cada una de las caras de la existencia. Como aquél cuento sobre el granjero que tenía un caballo y todo el mundo consideraba que era afortunado por ello. Un día se escapó y los vecinos lamentaron este hecho. Él se quedó tranquilo, aceptando la pérdida. Un buen día su caballo volvió acompañado de varios equinos salvajes. Todos bendijeron su fortuna. El hijo del granjero cayó mientras estaba domando a uno de los caballos y se rompió la pierna. Durante su recuperación, el ejército obligó a los jóvenes a alistarse para el combate excepto él, todos los demás muchachos de la aldea marcharon. El hijo más tarde pudo proteger la casa y ayudar a su padre a llevar la granja. El granjero afirmó a los vecinos: “¿Mala suerte, buena suerte? ¿quién sabe?”
Cuando juzguemos lo que nos pasa y lo etiquetemos, bueno o malo, recordemos a la Rueda, que nos recuerda la incertidumbre de la existencia. Todo es según el cristal con que se mira. Depende de nuestras experiencias anteriores. La Rueda de la fortuna nos invita a abrirnos a lo desconocido, o a vivir lo conocido desde otro nivel.




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