EL ERMITAÑO
EN BÚSQUEDA DE LA LUZ INTERIOR

Cuando vemos a ese anciano que busca en la aparente oscuridad con la simple luz de su farol, a las enfermeras nos viene enseguida a la memoria la científica y enfermera Ms. Florence Nigthingale. Ella paseaba durante las rondas nocturnas del hospital de campaña improvisado cerca del campo de batalla, vigilando con su farol, a los soldados heridos. Era valiente, una trabajadora incansable, empática y entregada. Pero a su vez, analizaba cada circunstancia para mejorar los resultados. Gracias a su inteligencia, observación detallada y trabajo constante, obtuvo grandes avances en la Salud Pública, en la higiene sanitaria y con ello disminuyó la tasa de mortalidad. Salvó vidas.
El Ermitaño nos regala esa capacidad de análisis de los hechos vividos. Aporta luz a lo que está inmerso en la oscuridad y por lo tanto está lejos de solucionarse si sigue en esa situación. Nos saca de la inercia. Se adentra en la sombra.
Disciplinas como la meditación, la investigación, los procesos terapéuticos profundos y cualidades como la paciencia, la introspección y la reflexión le describen.
Si hacemos caso del Ermitaño y aprendemos de las experiencias trayéndolas a la luz de nuestro presente, podremos pasar página e integrar lo vivido.



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